Nueve ‘geniotipos’ para encontrar tu talento natural | Formación | Economía

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“Completa el mapa del geniotipo, Izán, y comprenderás que el mundo no está en lo que necesitas, sino en lo que puedes ofrecer. Y solo desde el amor propio podrás dar algo de valor a los demás”. En ¿Para qué he venido a este mundo? (editorial Urano), de Tony Estruch, el lector sigue los pasos de Izán, un joven de 14 años que abandona la seguridad de su hogar movido por la necesidad de descubrir su propósito en la vida. “Todos tenemos un talento natural, algo que tenemos facilidad para hacer de forma innata. Lo que pasa es que ese talento está oculto bajo capas y capas de creencias en el sistema educativo, el entorno social, el familiar… que te van convenciendo de que precisamente eso que es parte de ti de forma innata y natural no es importante”, explica Estruch. “Parece que lo importante es que puedas sobrevivir y que, cuando te incorpores al mercado laboral, sepas cómo darle un beneficio al que te contrata”, añade.

Para este investigador, emprendedor y músico de formación, la búsqueda de propósito se convirtió en una exigencia vital cuando, con apenas 30 euros en el bolsillo y habiéndolo perdido todo, tuvo que volver a casa de su madre. Y ahí, bebiendo de su propio fracaso, empezó un recorrido de 11 años que dedicó a estudiar la importancia de lo que daría en llamar el geniotipo, las capacidades creativas neuronales e innatas del cerebro, que hacen que todos estén naturalmente predispuestos para un determinado talento que permita a las personas ser felices dando lo mejor de sí mismos en el proceso. “Hay un dogma enorme del que me suelen hablar. Y me dicen: “Tony, es que si yo me dedico a lo que me hace feliz, me va a ir mal en la vida”. Y yo les contestaba: “Claro, es mucho más lógico dedicarte a lo que no te va a hacer feliz, porque así te va a ir bien…”.

Ya sea por miedo, baja autoestima u otros motivos, lo cierto es que muchos dejan pasar demasiado tiempo sin ser conscientes de ese talento y sin saber cuál es su propósito en la vida: “Hace poco estábamos en la Universidad de Valladolid, dando una conferencia a unos 30 docentes. Cuando preguntamos: “¿Quién de aquí conoce su talento?”, solo dos personas levantaron la mano”. Y, como para reforzar la importancia de este punto, recuerda un famoso estudio de la NASA que, hace años, analizó el genio creativo de las personas y hasta qué punto seguían teniéndolo a lo largo de su itinerario educativo. Tras estudiar y hacer un seguimiento a 1.600 niños, los resultados fueron sorprendentes: al principio, el 98 % de los pequeños de entre tres y cinco años caían en la categoría de genios creativos, pero el porcentaje se desplomó hasta el 30 % cuando llegaron a los 10 años, y a solo el 12 % a los 15. Comparándolo con la población adulta, solo el 2 % conservaban ese nivel de creatividad.

¿Es posible que ese sistema educativo, a la vez que educa, impacte tan negativamente en nuestra curiosidad, creatividad y capacidad para imaginar? Para Estruch, no hay duda: “A eso le llamo yo educastración. Si, etimológicamente, la palabra “educar” significa “acompañar al prójimo a sacar lo mejor de sí mismo”, en el sistema actual eso se ha transformado en “acompañarle para que sea igual que los demás”. Por eso, desde la Fundación Geniotipo, que echó a andar en 2023, intentan ofrecer sesiones y talleres tanto a escuelas, como empresas y organizaciones para ayudar a estudiantes y profesionales a descubrir su talento, de manera que se puedan atajar fenómenos como el abandono escolar temprano o la insatisfacción laboral, e incluso promover el desarrollo de habilidades de liderazgo transformador. “Mi herida está en la educación. Yo toco siete instrumentos, pero en el colegio era un desastre, no entendía nada, pero no era consciente de lo que sucedía”, rememora Estruch.

“Las personas, en su elemento, dan lo mejor de sí mismos y para la sociedad”, añade por su parte Iban Galletebeitia, coach personal de la Fundación Geniotipo. Por eso, sostiene, “es necesario avanzar hacia un sistema que sea capaz de acompañar a las personas en el proceso de identificación, desarrollo y fomento de las capacidades creativas innatas que poseen. Solo así obtendremos mejores resultados que los que hemos obtenido hasta la fecha”.

Las capacidades creativas innatas

Para Estruch, uno de los problemas reside en que desde la escuela se enseña a todos los alumnos de la misma manera, sin tener en cuenta las particularidades de cada uno: “Nosotros hemos descubierto que el cerebro se divide en tres ejes creativos: el intuitivo, el equilibrado y el pragmático, pero en la escuela solo se incentivan los dos últimos. No hay ninguna asignatura que trabaje la intuición, y automáticamente aparecen personas que tienen esas capacidades y no encajan; son los famosos bichos raros”. La educación, afirma, “está diseñada para ser productiva, no para ser vocacional”; y para cambiarla, por ejemplo, “se podrían mejorar las ratios, de manera que en cada clase hubiera dos o tres profesores, para tener en cuenta las capacidades diversas de cada niño”.

Ahora bien, ¿cuáles son esas capacidades? Según la teoría del geniotipo, las capacidades creativas innatas que puede tener el ser humano se dividen en nueve categorías, que a su vez ha identificado con una figura geométrica diferente:

  • Infinito. Es el geniotipo de quienes han nacido para acompañar y educar. Su propósito es mostrar nuevos caminos a los demás y sacar brillo a su talento, para que así puedan dar lo mejor de sí mismos.
  • Cuadrado. Su objetivo es poner en orden el caos del mundo. Son ordenados y buenos gestores.
  • Elipse. El geniotipo de los artistas y creadores de sueños; aquellos cuya misión en la vida es estimular la imaginación de los demás.
  • Triángulo. Poseedores de una gran empatía, que constituye su mejor arma a la hora de ayudar a los demás. Su talento radica en la venta y el marketing, pudiendo ofrecer una misma cosa desde distintos ángulos y puntos de vista y creyendo en el valor de lo que ofrecen.
  • Círculo. El geniotipo de las personas cuyo propósito es dar amor incondicional a los demás, crear algo altruista que ayude al mundo, desde cualquier ámbito. Siempre ponen a los demás primero, incluso por delante de sí mismos.
  • Rectángulo. Representan el valor del esfuerzo, la constancia y la austeridad. Están especialmente capacitados para las tareas minuciosas y repetitivas como el transporte, la industria pesada, el mantenimiento, la ingeniería industrial… Son un geniotipo bastante conformista, y no van a desear mucho más de lo que ya tienen.
  • Pentágono. Su talento se centra en solucionar problemas. Es la capacidad innata característica de los científicos, inventores, médicos o investigadores.
  • Rombo. De gran vida interior. Tienen la capacidad de entender lo trascendental, lo esotérico y lo místico, y hacerlo muy cotidiano. A menudo son percibidos como “bichos raros”, y son muy sensibles e intuitivos: psiquiatras, criminólogos, forenses, especialistas en cuidados paliativos…
  • Estrella. El genio innato. De alguna manera, incluye al resto de geniotipos, porque puede brillar en cualquier faceta e inspirar a los demás.

Lo normal, indica Estruch, es que una persona tenge entre dos y tres de estas capacidades, y la combinación de todas ellas dará lugar a su talento innato, a aquella cosa para la que tiene una facilidad natural. Pero esto varía: puedes tener una, dos o incluso todas, aunque no sea lo más normal. Hasta la fecha, han geniotipado a más de 35.000 personas en su web www.conocetugeniotipo.com.

Las figuras que identifican a los nueve ‘geniotipos’ de las capacidades creativas innatas del cerebro.Fundación Geniotipo

¿De qué manera impacta identificar tu talento natural?

Conocer cuáles son tus capacidades innatas y, por lo tanto, tu talento natural es para Estruch un proceso de vital importancia que, ante todo, reportará salud y bienestar, un factor muy relevante si se tiene en cuenta que un 42% de la población experimenta estrés o ansiedad con regularidad, según la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS). O que el 85 % de los trabajadores a nivel mundial se sienten desmotivados y escasamente comprometidos con su trabajo, según Gallup.

“Cuando tú estás a favor de tu talento, el cerebro genera hormonas como las endorfinas o la oxitocina (las llamadas hormonas de la felicidad). Pero cuando hacemos algo que va en contra de tu talento, llega un momento en que no puedes seguir haciéndolo y tu cerebro genera cortisol [la hormona principal de estrés]”. Por eso, cuando estás haciendo una actividad que te apasiona, “llegas incluso a perder la noción del tiempo”, reflexiona Estruch: no importa el pasado ni el futuro; ni hay depresión o ansiedad, porque estamos ensimismados con el presente.

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